nota


LAS PUBLICACIONES DE ESTE BLOG NO SON NECESARIAMENTE EL PUNTO DE VISTA DE LA IGLESIA O LAS INSTITUCIONES A LAS QUE EL AUTOR PERTENECE.LAS REFERENCIAS VERTIDAS AQUÍ TIENEN UN PROPÓSITO ESTRICTAMENTE DE ENSEÑANZA.

miércoles, 27 de agosto de 2014

El pueblo del Anticristo: ¿Romanos o Árabes? Daniel 9:26

Escrito por Abrahan Salazar

A través de este estudio analizaremos algunos postulados comunes del Libro de Daniel y veremos como a través de una investigación llegamos a conclusiones fascinantes.


El Dr. Evis Carballosa escribe en su libro: “Daniel y el reino mesiánico – pg. 188”
Y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario (9:26).Es necesario notar en esta oración gramatical la diferencia entre «elpueblo» y «el príncipe que ha de venir». El acontecimiento referido en dicha frase es como opina la gran mayoría de expositores conservadores » la destrucción de Jerusalén por los romanos en el año 70 d.C. Pero debe observarse que ese texto da la clave para le identificación de la procedencia del anticristo (el cuerno pequeño Dn. 7:24).El pueblo quedestruyó la ciudad y e l santuario en el año 70 d.C. fue el romano. Según el texto de Daniel 9:26 el «príncipe que ha de venir» pertenece al mismo pueblo que destruyó la ciudad santa en el primer siglo de nuestra era.

A primera vista esta declaración pareciera ser cierta y concluyente para determinar que es Roma la cuna imperial del Anticristo escatológico; sin embargo, un análisis histórico del pasaje revelará que en realidad son naciones árabes las destructoras del Templo y de la ciudad de Jerusalem.

El primero de los historiadores antiguos al que apelaremos será Cayo Cornelio Tácito. En su libro “Historias” Libro V – Sección 1 relata:

Recibiéronle en Judea [a Tito] tres legiones; la quinta, la décima, y la quincena, toda soldadesca vieja de su padre. Dióle la Siria la legión doce, y la Alexandria hizo venir la veinte y una y la tercera. Seguíanle veinte cohortes de confederados y ocho alas de caballos, junto con los Reyes Agripa y Sohemo, los socorros del Rey Antioco, una gruesa banda de árabes, grandes enemigos de los judíos, por los aborrecimientos que ordinariamente suele haber entre vecinos.[1]

Tito Flavio Josefo en su libro “La guerra de los Judíos” Libro V – Capítulo XIV relata:

Confirmado, pues, ya por emperador en todo el universo, y conservadas las cosas del pueblo romano contra la esperanza que de ello tenían, determinó Vespasiano dar fin a la guerra de Judea. Pasado, pues, el invierno, él se aparejaba a partir para Roma, y determinaba poner asiento y concordia en las cosas de Alejandría. Así, pues, envió su hijo Tito a que diese fin a la guerra de los judíos, y tomase a Jerusalén: el cual se vino por tierra hasta Nicopolis, ciudad lejos de Alejandría veinte estadios de camino, y allí puso su gente en naos muy grandes, y vínose hasta Thurno navegando por el Nilo, y dejando las tierras de Mendesio: saliendo a tierra, detúvose en la ciudad de Tanin: de aquí partiendo, hizo estancia en otra ciudad llamada Heraclea, y vino a hacer la tercera a Pelusio.


En el Libro VI – Capítulo I agrega:

“…después que Tito hubo juntado y recogido parte de su ejército consigo, escribió a toda la otra gente que llegase a Jerusalén, y él partió para Cesárea. Había tres legiones, las cuales, debajo del regimiento de su padre Vespasiano, habían ya destruido y arruinado a Judea; y la duodécima, cuyos sucesos antiguamente con Cestio, capitán de ella, había probado en las peleas; la cual, aunque por esto más se señalaba en esfuerzo, también acordándose de lo que antes había padecido, venía con mejor ánimo y más esforzadamente contra ellos. Mandó que la quinta legión le saliese al encuentro por Amaunta, y que la décima subiese por Hierichunta; y él con todas las otras salió, trayendo en compañía de ellas socorros de reyes mayores que antes, y con ellos también le acompañaban muchos de los de Siria por el mismo efecto. De esta manera se hizo cumplimiento, y se llenaron las cuatro legiones de los que con Tito vinieron, por aquellos que Vespasiano había escogido para enviar a Italia. Dos mil hombres escogidos del ejército de Alejandría, y tres mil de la gente del Eufrates, seguían a Tito, y con ellos venía también su grande amigo Tiberio Alejandro, varón muy prudente, el cual había tenido antes la administración y regimiento de Egipto; y fué juzgado por digno que rigiese y gobernase el ejército, por la grande amistad que con Vespasiano había tenido el primero en el tiempo que su imperio comenzaba, y se juntó con muy entera fe, siéndole aún la fortuna y suceso muy incierto: y así éste mismo era el principal hombre de consejo en las cosas de la guerra, por la mucha edad, saber y experiencia que de ellas tenía.


En el Libro VII – Capítulo XVI relata: “Fue él (Simón) uno de éstos, guardado para el triunfo de Vespasiano, y Juan fue puesto en cárcel perpetua, y los romanos quemaron las partes postreras de la ciudad y derribaron los muros del todo.

Según lo relatado por Tácito y Josefo, la Legión XII de Siria  conocida como la Fulminata participó activamente de la destrucción del Templo de Jerusalem y de sus muros. Además, es de notar que muchos árabes y especialmente sirios se unieron a Tito para destruir Jerusalem, como lo menciona Tácito.
Lawrence J.F. Keppie, un estudioso de historia romana afirma que “las legiones romanas… consistieron casi exclusivamente de provinciales.”[2]

Antonio Santosuosso confirma que “durante la primera mitad del siglo primero, aproximadamente el 49% de los soldados eran italianos, pero por el año 70 ese número había caído a sólo el 22%. A finales del siglo primero, sólo el 1% de los soldados eran italianos.”[3]

Dado que las legiones estaban oficialmente abiertas sólo a ciudadanos romanos, Cary y Scullard argumentan que al menos en algunas provincias en esa época «se debieron reclutar muchos provincianos que no tenían verdaderamente la ciudadanía romana, pero que la recibieron de forma no oficial en el momento del reclutamiento», práctica que se incrementaría a lo largo del siglo II.[4]

Evidencias historiográficas demuestran que, a finales del reinado de Nerón (54-68), el número de [tropas] auxiliares (legiones armadas por pueblos no romanos que apoyaban a las legiones italianas) habría llegado a los 200.000 hombres, lo que supone alrededor de 400 regimientos.[5] [6]

Sara Phang Elise, escribe: “El reclutamiento sufrió cambios importantes de Italia en el siglo I d.C. hasta las provincias fronterizas a finales del siglo I y principio de siglo II”[7]

Y añade: “…que los italianos fueron sustituidos cada vez más en las legiones, durante este período, por provincianos ya no es de por sí una novedad entre los eruditos…En el Este, que es Asia Menor, Siria y Egipto, parece claro que el reclutamiento local ya estaba en marcha bajo Augusto [14 d.C.], de modo que a su muerte sólo un número muy pequeño de legionarios procedían de Italia o de hecho de cualquiera de las provincias occidentales…Bajo Nerón [68A.D.], cuando las legiones orientales requerían suplementación…miraban a Capadocia y a Galacia dónde buscaban reclutas. Esto fue, sin duda, el procedimiento estándar. Las legiones del Este consistieron en gran medida de “orientales” (de Oriente Medio)”[8]

Nigel Pollard escribe: “…después del reinado del emperador Nerón (68 d.C.), los legionarios de nacimiento provinciales superaron a los italianos por cerca de cuatro o cinco a uno.”[9]

Y añade: “Legiones con sede en Capadocia, Siria y Egipto fueron compuestos a partir de reclutas procedentes de Asia Menor, Siria y Egipto.”[10]

Esto nos lleva a entender que las legiones usadas por Tito eran romanos políticos pero árabes étnicos.[11] Ellos fueron los que destruyeron el templo y la ciudad amada de Dios. Nótese que en las narraciones de Josefo, Tito en realidad trató de salvar el Templo de Jerusalem y advirtió a sus soldados a preservarlo del asedio para no destruirlo, pero un soldado sin tomar en cuenta la recomendación quemó el Templo empezó la destrucción. ¿Quiénes más que los soldados árabes estuvieron dispuestos a destruir el santuario de Judá donde los israelitas siempre adoraron a su Dios?

Algunos estudiosos podrían debatir este argumento indicando que el término hebreo “pueblo” עם  simplemente se refiere al pueblo gobernante que ordenó la destrucción de  (Romanos) sin importar el origen étnico de las legiones romanas.

Sin embargo “el término hebreo ‘am” significa en un sentido primario razas individuales o tribus.[12] Tiene relación primaria con el sentido de comunidad de personas de una misma sangre [13] y da la imagen mental de pueblos étnicos.

La historia demuestra que fueron los árabes, naciones desde siempre enemigas de Dios las que realmente destruyeron el Santuario y la ciudad de Jerusalem en el año 70 d.C. El término hebreo empleado en el texto revela además la carga étnica sobre este pueblo, más que política.




[1] Las historias de Cayo Cornelio Tácito, traducidas al castellano por Don Carlos Coloma, 2da Edición, Madrid: en la imprenta real, 1794 pg. 456-457.
[2] Keppie, Lawrence, Legions And Veterans: Roman Army Papers 1971-2000 Pg. 116 (Franz Steiner Verlag, 2000)
[3] Antonio Santosuosso, Storming the Heavens: Soldiers, Emperors, and Civilians in the Roman Empire (Westview Press, 2001) (pág. 97-98).
[4] CARY, Max y SCULLARD, Howard. A History of Rome, The MacMillan Press Ltd, 1979., p. 338
[5] Keppie, Lawrence (1996). "The Army and the Navy" in Cambridge Ancient History 2nd Ed Vol X (The Augustan Empire 30BC - 69 AD) pg. 391
[7] Sara Elise Phang, Roman Military Service. Ideologies of Discipline in the Late Republic and Early Principate.  Pg. 19 (Cambridge/New York:  Cambridge University Press, 2008.  Pp. xv, 336.  ISBN 9780521882699.)
[8] Ibid, pg. 57-58
[9] Nigel Pollard, Soldiers, Cities, and Civilians in Roman Syria, pg. 114 ISBN-13: 978-0472111558
[10] Ibid, pg. 115
[11] http://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_la_estructura_del_ej%C3%A9rcito_romano
[12] Friedrich Wilhelm Gesenius, Hebrew and Chaldee Lexicon, pg. 635 (http://www.tyndalearchive.com/tabs/Gesenius/) 
[13] Moisés Chávez, Diccionario de Hebreo Bíblico, editorial MUNDO HISPANO, pg. 321 ISBN: 0–311-42094-X

No hay comentarios:

Publicar un comentario